¿Cómo acompañar a las infancias y adolescencias en un mundo atravesado por algoritmos, sobreinformación y violencias digitales? ¿Cómo construir vínculos más amorosos y presentes sin caer en recetas mágicas ni prohibiciones?
Con una sala llena y el corazón contento, el libro Conectar en Tiempos de Pantallas (Ed. Chirimbote) se presentó en la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Con la moderación de Jesi Farías y Nadia Fink, integrantes de la Editorial y compiladoras del libro, las y los escritores brindaron un espacio para pensar entre todas y todos cómo romper el algoritmo, encontrarnos, debatir, incluir nuevas miradas y preguntarnos qué nos sucede con las pantallas, qué aprendizajes nos dejan sus usos, cómo nos movemos en el entorno digital, qué otras conexiones habitamos y cómo podemos construir nuevas formas de convivir con la digitalidad junto con las niñeces y adolescencias.
“Una vez dijimos: este es el próximo libro que tenemos que sacar, lo tenemos que pensar con estos ejes, empezamos a pensar en las autoras y en los autores. No estamos en contra de las pantallas, pero es necesario empezar a problematizar y a reflexionar en torno a ellas”, iniciaba la presentación Jesi Farias, integrante de la Editorial Chirimbote y una de las compiladoras del libro.

Sala Ernesto Sábato – 6 de mayo de 2026 – presentación del libro Conectar en Tiempos de Pantallas (Ed. Chirimbote)
El panel estuvo integrado por tres de las y los autores cuyos textos forman parte del libro: Érica Pincever, Damián Supply y Gisela Grunin. También contamos con la presencia de Laura Sánchez, activista contra la violencia digital, impulsora de la Guía y la Ley EMA.
Érica Pincever es psicóloga infanto juvenil, autora del libro El día en que volvieron los colores – Cuento y Guía sobre ASI (Ed. Chririmbote) y escribió “Lady dopamina: ¿por qué nos enganchamos en un scroll infinito?” uno de los capítulos que forman parte del libro. Su presentación se centro fundamentalmente en la noción y los efectos de la dopamina y las complejidades que atravesamos al estar inmersas e inmersos en las pantallas y todo lo que proponen.
“De pronto y de una forma totalmente inesperada todo el universo se encontraba a un click de distancia. Y con esta maravilla se ampliaba de una manera jamás pensada los límites de acceso al conocimiento llegaron los celulares, las tablets y con ellos las redes sociales, las aplicaciones de mensajería montaña y mucho más”, iniciaba Érica su presentación.
“No es mi intención culpar a las niñeces y adolescencia sobre la relación que tienen con las pantallas, ya que no tengo dudas que las infancias aprenden por modelado. Si nosotros, nosotras, sus modelos, vivimos con la cabeza reclinada hacia adelante y nuestra mente dentro del celular, ¿qué podemos pretender de ellos y ellas? Cada vez que abrimos una aplicación no sabemos qué vamos a encontrar. Tal vez alguien respondió un mensaje, alguien puso me gusta, alguien comentó algo que publicamos y es esa incertidumbre que activa nuestro cerebro, el sistema de recompensa donde interviene la famosa dopamina. La dopamina suele asociarse con el placer, pero en realidad su función principal no es particularmente la del placer, sino la de generar expectativa. Por eso volvemos a mirar el celular una y otra vez. No necesariamente porque haya algo nuevo, sino porque podría haberlo. Y así, casi sin darnos cuenta, empieza a instalarse una sensación incómoda. La idea de que los demás están viviendo experiencias más interesantes o más felices que las nuestras. En ese scroll, aparentemente inocente, se va armando un mensaje silencioso, pero persistente. Siempre hay algo más que deberías hacer, algo más que deberías tener, algo más que deberías mejorar. Las redes sociales funcionan muchas veces como una vidriera interminable de versiones idealizadas de la vida y en este contexto es muy fácil empezar a sentir que uno/una está siempre un paso atrás.
Tal vez el desafío sea recuperar algo mucho más simple, un poco de silencio entre tantas voces, la pausa entre tanto estímulo, más conexión real en tiempo de pantalla y también recuperar algo que el algoritmo no puede darnos. La capacidad de preguntarnos con honestidad real, ¿quiénes somos? ¿Qué necesitamos realmente? ¿Y qué cosas en realidad no nos faltan en la zona?”

Damián Supply, es licenciado en psicología, especialista en bienestar digital y promoción de la salud de la niñeces y adolescencias y coautor junto con Constanza Gueglio del capítulo “Crianza, bienestar digital y consumos digitales en infancias y adolescencias”. En su intervención sostuvo: “tenemos que empezar a acercarnos y saber qué es lo que, a ese niño, niña le interesa y tiene ganas de explorar. Trabajando en lo comunitario muchas veces hay chicos y chicas que tienen a familiares que viven lejos, que tienen discapacidades o cuestiones que son significativas y que a veces las pantallas y la tecnología pueden ayudar. Muchas veces estamos en esto de buscar la respuesta total y definitiva. Nosotros, como mundo adulto, nos refugiamos en aquello que conocimos, en aquellas cosas que quizás tuvimos más a mano y transitamos, pero también lo cierto es que el desafío es actualizarnos hoy. Y en un mundo que se actualiza constantemente. Me parece que la cuestión de prohibir o parar un poco la pelota tiene que ver con pensar nuevas herramientas de cómo acompañar, por ejemplo, el hermoso espacio que se llama la escuelita de los talleres Chirimbote”.
Damián es claro cuando afirma: “No hay una solución definitiva ni algo que pueda terminar de resolver esta cuestión porque vienen apareciendo constantemente nuevos desafíos desde ese lado y para mí este desafío que hoy tenemos en relación a las adolescencias, parte principalmente de las pertenencias, de ese reconocimiento que es vital, de una etapa que está caracterizada por ese lugar y esa visión de los pares, de tomar un poco de distancia, quizás de ese mundo adulto, de reconocerse, de diferenciarse y preguntarnos qué mundo estamos brindando: hay que armar lazos, con los clubes, con las comunidades, construir un entramado social y comunitario que también nos sostenga. Salir un poco de las pantallas y hacer un buen uso de ellas creo que es el desafío actual”

Gisela Grunin es licenciada en Ciencias de la Comunicación y especialista en ESI, escribió el capítulo “ESI en tiempos de pantallas: habitar lo digital con mirada crítica y sensible”. Gisela inicia su intervención con una pregunta: “¿por qué es importante una mirada hacia la digitalidad desde la ESI? Primero porque las chicas y los chicos están allí durante muchas horas. Una ESI que contemple esa digitalidad tiene que preguntarse cómo habitamos estos espacios digitales. Hablamos de consentimiento, hablamos de conocer nuestro cuerpo, de respetarlo y de respetar a los de los demás, de conocer nuestros derechos. Aprendemos también a identificar las violencias, a identificarlas y a nombrarlas como algo que no es que me pasó a mí individualmente, sino que muchas veces tienen orígenes en desigualdades estructurales, específicamente de género y también de un montón de otros actores que nos atraviesan socialmente y que eso puede ser puesta en común, eso puede ser reflexionado a partir de las experiencias, de pasaje por el cuerpo, de esas experiencias con otros, porque la ESI es con otros”
Gisela sostiene que, de este modo, “las violencias digitales que podemos abordar desde la ESI también. Porque las violencias que ocurren en los entornos digitales no nacieron ahí no tienen que ver con el algoritmo solamente, con los dispositivos, sino que son profundamente humanas y que tienen sus orígenes, en muchas de las desigualdades estructurales que existen antes de los dispositivos eh digitales”. Y propone “articular el enfoque de la ESI con otros dos marcos que son fundamentales en esta época: la ciudadanía digital y la alfabetización mediática e informacional. La ciudadanía digital es cuando reconocemos que en los entornos digitales somos sujetos de derechos, especialmente las chicas y los chicos también tienen estos derechos en la digitalidad, están reconocidos. Y eso implica ciertas responsabilidades del mundo adulto, de las instituciones, de las familias, de las escuelas, pero especialmente de las empresas que están jugando en el ecosistema digital y de los estados que tienen la responsabilidad de regular esos intercambios y esas de vivir la en la digitalidad. Y regular no es prohibir, regular es poner las normas y las responsabilidades claras: el mejor camino no es limitar, no es poner filtros, no es quitar los dispositivos, no es prohibir, sino es acompañar, conocer cuáles son las reglas de juego, en donde nos estamos involucrando. Para eso necesitamos también tener información y alfabetización mediática informacional, conocer cómo es el ecosistema digital, conocer por qué me aparece cierto contenido, quién lo hizo, con qué intenciones, cómo es que me aparece, conocer mi responsabilidad y mi compromiso respecto de qué hago con esto, si lo comparto o no. Y saber hacer un video, saber cómo compartirlo y tener clara las responsabilidades que eso representa”
Y finaliza con una propuesta clara y necesaria: “hay algo urgente de cuidar a las infancias y adolescencias, porque la violencia en los entornos digitales es real, tiene impacto en nuestras vidas, especialmente en las chicas y los chicos que pasan una etapa de más vulnerabilidad y es nuestra responsabilidad acompañar, construir los cimientos para que puedan desarrollar una autonomía progresiva, es decir, así como los llevamos de la mano para cruzar la calle con los más chiquitos y les enseñamos a dar sus primeros pasos, no lo dejamos solos con sus primeros dispositivos”.

Laura Sanchéz es activista y militante de la Ley Ema y creadora junto con otras y otros de la Guía Ema que propone herramientas para actuar ante casos de difusión de contenido íntimo, para abordar la violencia digital. De acceso gratuito y online pensado para docentes, no docentes, familias y estudiantes.
Ante la pregunta de cómo podemos hacer justamente que los territorios digitales sean más cuidados y menos peligrosos y violentos, Laura, aporta una respuesta muy sencilla: “generando estos espacios, generando estos encuentros, resistiendo desde abajo hacia arriba, resistiendo la ESI, generando estos espacios nos puedan hacer reflexionar, pensar, llevarnos ideas, estar en discordancia porque también de ahí surgen grandes cosas de la discordancia. Después te puedo decir, paradójicamente, humanizando la digitalidad”.
“Mi nombre es Laura Sánchez. Yo soy mamá de Ema. Ema fue víctima de violencia digital de género en agosto del 2024. Se difundió un video con imágenes íntimas sin su consentimiento en el colegio y 24 horas después Emma toma la irreparable decisión de quitarse la vida. 24 horas de acoso y hostigamiento. Y ustedes pensarán que está acá hablando y sí, porque perder un hijo sin duda es una tragedia. Pero morirse con él es una atrocidad. Entonces, hoy estoy hablando y llevo este legado adelante.
“Voy a tomar algo que también dijeron: nadie se salva solo, por supuesto que no llevo este legado adelante sola. Me ayudaron, me sostuvieron. Impulsamos la guía, creamos la ley. Porque cuando un problema deja de ser uno solo, cuando deja de ser una inquietud personal y se convierte en un problema de estructura social pasa a ser un problema público. Y acá vamos a hablar también de las políticas públicas, políticas públicas que necesitamos para regular. Y mientras tanto, hasta que llegue esa regulación, ¿qué hacemos con los pibes y las pibas que no saben para dónde correr? Humanizar la digitalidad, políticas públicas, responsabilidad colectiva. Siendo autorreferencial, Emma fue víctima. Y en cierta forma, el pibe que comparte el video es víctima de un sistema, de este sistema, de estas estructuras, de estas estructuras que se reflejan también en internet, de estas violencias, de estas violencias simbólicas. Un pibe que, en el 2024, 2025 tiene la necesidad de mostrar a la piba con la que estuvo y es víctima del sistema.
Hay que poder transmitirles a los pibes pensar en el otro cuidar al otro, a la otra, y nos tocó a nosotros, ser padres de primera línea, ser educadores, ser acompañantes, ser cuidadores. Nos tocó en este momento, en este proceso histórico, nos tocó con estas adolescencias y estas niñeces que habitan los territorios digitales. Entonces, enseñarle las buenas prácticas, las mismas prácticas que le enseñamos en el plano analógico que las puedan llevar al plano digital, ni más ni menos que pensar en el otro.
Respecto al proyecto de la Ley, nos cuenta que mi mayor anhelo es que se apruebe la ley., sueño con que se apruebe la ley para que no haya ni una Emma menos o, al menos, tratar de que no haya ni una Emma menos. Pero mientras tanto, yo me comprometo a militar esta ley, se apruebe o no y voy a seguir luchando para erradicar la violencia digital. Pensamos en esta en esta ley para llevar una herramienta, que propone articular con la ESI, pensar en una en una sanción restaurativa, reparatoria, pensar en comunidad: el algoritmo no es neutral, el algoritmo es vertical, sexista, patriarcal. Entonces, ahí puedo decir, los pibes están en un problema porque esto es lo que le estamos transmitiendo a los pibes viene desde mucho antes de la digitalidad, lo que pasa que ahora se trasladó a la digitalidad. Los tiempos son voraces, vertiginosos, todo toma una velocidad impensada. Y como se dice en el libro, algo importante sería poder parar, mirar, detenernos, poder pensar qué le vamos a transmitir a estos pibes y a estas pibas, pensar que tenemos que hablar de un cambio de estructuras”

Durante la charla se escucharon propuestas muy interesantes que lejos están de ser definitivas y concluyentes, sino que abren una puerta para seguir pensando, articulando con otras y otros, como dijo Nadia Fink, integrante de la Editorial y otra de las compiladoras del libro: “es el momento para equivocarse, para pensar, para volver, para hablar intergeneracionalmente, es importante que las generaciones se pregunten, se miren, abuelas, nietos, tías, sobrinas, sobrinos. No es solo no uses el celu: ¿Qué te propongo si no usamos el celu? ¿Qué hacemos? ¿A dónde vamos? ¿Qué hago yo si no tengo el celu? ¿Cuánto me banco sin el celu? Seamos un poco amorosos, amorosas, porque estamos aprendiendo, estamos en un momento nuevo. No lo dejemos pasar, pero aprovechemoslo también”. Y cómo dice el prologo: «les proponemos una lectura caleidoscópica donde la reflexión y la pregunta serán los espejitos de muchos colores y después de leer este libro les invitamos también a abrir la puerta y salir a jugar»



