Veintidós cartas, treinta docentes y una pregunta que recorre la Patagonia: ¿cómo seguir haciendo ESI en tiempos difíciles? Cartas a quienes pretenden enseñar ESI reúne experiencias, miedos, preguntas y esperanzas para pensar una escuela más libre, más justa y más colectiva.
Hay miedos que paralizan. Y hay otros que, cuando encuentran palabras y compañía, pueden convertirse en preguntas, estrategias, redes.
Cartas a quienes pretenden enseñar ESI. Escritas desde la Patagonia nació justamente alrededor de esos miedos. Primero fue una conversación en la cocina de la casa de la Colectiva Feminista La Revuelta, en Neuquén. Era septiembre de 2024 y entre docentes empezaban a circular inquietudes que parecían haber regresado con fuerza: hasta dónde hablar, cómo sostener determinados contenidos, qué hacer frente a las resistencias, cómo no quedar en soledad. De aquella charla apareció una idea sencilla y potente: ¿y si hacemos un libro de cartas?

El resultado es este libro compilado por Belén Grosso y Ruth Zurbriggen, producido por La Revuelta y publicado por Editorial Chirimbote: 22 cartas escritas por 30 docentes de instituciones públicas patagónicas, desde distintos niveles educativos y distintos territorios.
La ESI sucede
No es un manual de Educación Sexual Integral ni un recetario para saber qué hacer frente a cada situación.
Por sus páginas pasan aulas, patios y salas de docentes. Una niña que descubre que en su casa las tareas de cuidado no se reparten como entre los teros que están estudiando en clase. Estudiantes que aprenden a poner en palabras el consentimiento. Una escuela que tiene que escuchar cuando unas niñas dicen que algo las incomoda. La cultura mapuche narrada en presente. Una pelota que sirve para discutir eso de que hay juegos “de nenas” y juegos “de varones”.

La ESI aparece ahí donde efectivamente sucede: en los cuerpos, los vínculos, las biografías, las preguntas y también en el territorio.
Por eso Graciela Morgade, autora del prólogo, habla de una pedagogía situada. El viento, la barda, el lof, las distancias o el extractivismo no funcionan como mero paisaje: también forman parte de las vidas sobre las que se piensa y se enseña. Y hablar de género implica entonces hablar también de clase, identidades, discapacidad, pueblos originarios y condiciones concretas de existencia.
Enseñar nunca es un acto solitario
En 2026 se cumplen veinte años de la sanción de la Ley 26.150, que estableció el derecho de les estudiantes de todo el país a recibir Educación Sexual Integral. Pero una ley se vuelve cotidiana cuando hay personas que la hacen vivir.
Y ese quizás sea uno de los movimientos más hermosos de estas cartas: sacar a la ESI del lugar de “tema” para mostrarla como una manera de hacer escuela.
Una escuela que escucha. Que se deja interpelar por las infancias y adolescencias. Que revisa sus propias prácticas. Que no naturaliza las desigualdades. Que puede admitir que no sabe y buscar con otres. Que entiende el cuidado, la ternura y la diversidad no como agregados, sino como parte de la tarea pedagógica.

Durante una de las presentaciones del libro, Ruth Zurbriggen sintetizó esa posición diciendo que “el trabajo docente es profundamente político”. El formato de las cartas permite justamente poner esa dimensión política en diálogo con algo mucho más íntimo: los recuerdos, los cuerpos, las dudas, los afectos y las transformaciones de quienes enseñan.
Son cartas para quien quiere enseñar ESI. Para quien ya lo hace. Para quien alguna vez sintió miedo. Para quien necesita otras experiencias cerca para imaginar la propia.
Pero, sobre todo, son cartas para recordar algo bastante simple y bastante urgente: no tenemos que hacer escuela en soledad.
Un regalo para seguir haciendo escuela
Por el Día de Maestras y Maestros, hasta el 11 de septiembre, Cartas a quienes pretenden enseñar ESI tiene 20% de descuento en la tienda online de Chirimbote.
Para regalar a une docente. Para compartir en una sala de profes. Para una biblioteca escolar. O para regalarse una lectura que acompañe, incomode, dé preguntas y ayude a seguir armando redes.
Porque hay muchas maneras de celebrar a quienes enseñan. Una de ellas es bancarles en lo que enseñan.


