Por Redacción Chirimbote
A las 4.12 de la madrugada del anteúltimo día del 2020, un atronador rugido colectivo retumbó en la atmósfera del centro porteño y más allá. Un grito de emoción contenido durante más de 12 horas de vigilia y décadas de lucha. En el recinto parlamentario, el tablero del Senado anunciaba en letras verdes el “resultado aprobado” y detallaba los 38 votos afirmativos, 29 negativos y una abstención. Afuera del Congreso, una multitud de mujeres y disidencias estallábamos en abrazos, cantos y lágrimas agitando los pañuelos verdes, símbolo de la histórica conquista: el movimiento feminista lograba, por fin, que la interrupción voluntaria del embarazo sea ley.
A cinco años de esa gesta inolvidable, reconstruimos junto a voces compañeras los caminos que la hicieron posible y pasamos en limpio cómo viene la aplicación de la ley, sus dificultades y desafíos, en estos tiempos de hostilidad estatal y contraofensiva antiderechos.

Foto: Marcha
Genealogía de una larga lucha
Los debates e intercambios sobre la legalización del aborto arrancaron mucho antes de su aprobación aquel 30 de diciembre. Una amalgama que se fue tejiendo como respuesta necesaria a una realidad evidente: las muertes por causa de abortos mal practicados, mujeres y otros cuerpos gestantes que no desean continuar con su embarazo, embarazos producto de violaciones. La palabra se expandió, se hizo cada vez más potente, se materializó en encuentros feministas, se armaron redes para dar respuesta desde abajo, desde el territorio militante y comprometido. Con los años circuló cada vez más fuerte la necesidad de institucionalizar la información, que haya acceso a todas las herramientas para actuar. Y, sobre todo, que no haya más muertes por abortos clandestinos. De este modo, si trazamos una línea imaginaria es posible reconocer las marcas de todas las huellas que hacen posible los grandes acontecimientos históricos.
Una de las pioneras en la lucha por el aborto seguro es Nina Brugo, abogada, histórica militante feminista y una de las fundadoras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito. Su voz refleja la fortaleza y tenacidad de un largo y paciente recorrido: “El día de la votación, decir que viví una gran emoción es poco. Fue asumir que se le reconocía finalmente a las mujeres decidir sobre su vida. Un triunfo frente al patriarcado, que goza de muy buena salud aquí y en el mundo entero”.
Su mirada firme y sus palabras concretas recuerdan un punto de partida, el Primer Encuentro de Mujeres, allá por 1986, donde “se realizaban talleres que hablaban de anticoncepción y aborto a la vez”. Y marca como “un hito fundamental” el Vº Encuentro Feminista Latinamericano y del Caribe en San Bernardo, en 1990, donde “se constituyó el 28 de septiembre como el Día por el Derecho al Aborto de las Mujeres de América Latina y el Caribe, se definió formar una coordinadora y hacer campañas en cada país para lograr ejercitar este derecho en forma legal, no clandestina, segura y digna.

Nina Brugo. Foto: Latfem
Nina, que desde aquel primer encuentro del ´86 no faltó a ninguno, menciona otros dos pasos importantes en el de Rosario en 2003. Por un lado, recuerda que allí “por primera vez se repartieron los pañuelos verdes”; por el otro, “se empezaron a pensar estrategias para la obtención de una ley. También se vio la necesidad de constituir una Campaña, que se concretó en 2005. Se armó una comisión e hicimos un proyecto de ley que duró varios años, pero al no tener la firma de ningún diputado quedó en suspenso”. A pesar del ninguneo parlamentario, el proyecto se volvía a presentar rigurosamente cada dos años.
La marea verde que inundó las calles de todo el país el 3 de junio de 2015, sintetizada en la consigna “Ni una menos”, fue un punto de inflexión que transformó subjetividades, masificó al movimiento feminista y convocó a que miles de pibas se sumaran a la lucha por el aborto legal. Pero fue recién en 2018 cuando se comenzó a discutir en el Congreso. Nina rememora el final frustrado de aquella votación: “Fue una noche muy larga en pleno invierno esperando la discusión en la Cámara de Diputados, pero cuando llegó al Senado no tuvimos los votos suficientes”.
Finalmente, en 2020, “con el cambio del Poder Ejecutivo se comprometieron a que sería tratado”. A esa altura la fuerza en las calles y la convicción de que la ley tenía que salir ya se sentía en los cuerpos, las discusiones en las comisiones quedaron marcadas en nuestra memoria colectiva. “Nosotras ya habíamos instituido simbólicamente nuestros pañuelos con la consigna Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no Abortar. Aborto Legal para no morir, esas consignas fueron las fundamentales”. Instituir simbólicamente responde a la fuerza acumulada en cada encuentro, en cada red, en cada asamblea. Allí fue donde, finalmente, se solidificó el armado que luego se tradujo en ley.
La abogada feminista Soledad Deza destaca que el proyecto que aprobó el Congreso “es prácticamente el mismo que hizo la comisión redactora de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que estuvo compuesta por abogadas históricas como Mabel Gabarra, Nina Brugo, Silvia Julia, María Elena Barbagelata, Pila Minyersky, y abogadas jóvenes como Cynthia Britez y yo”.
Acompañar, informar, contener
Andrea Berra, psicóloga feminista, integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir y Jefa de Unidad CeSAC Nro. 5 del GCABA, nos cuenta que “las redes de acompañamiento, formadas por profesionales de distintas disciplinas formados con perspectiva de género, fueron y son el motor que les da a las personas con capacidad de gestar el significado de la decisión que están tomando. Una decisión válida que tiene que ver con la autonomía de sus cuerpos, con sostener espacios de su salud mental. Se acompaña la decisión de la persona, que acceda a un aborto seguro, que no ponga en riesgo su vida”.
Andrea también remarca un aspecto central en los objetivos de estas redes: “Son también las que permiten que se acompañen a las mujeres cuando se encuentran en procesos de criminalización. Por ejemplo, en 2018 en Tucumán acompañamos a Soledad Deza en el proceso por la absolución de Belén. Andrea reconoce que “lo más importante del proceso colectivo fue el trabajo en red, este tejido que armamos en todo el país para que las mujeres y las personas con capacidad de gestar accedan a información segura. Diseñamos una aplicación para el celular y empezamos a dar información a través de las redes sociales para que las mujeres accedan, transiten, lleguen al centro de salud y retiren el misoprostol”. Y, en ese andar, “empezamos a sacar el aborto del closet, a hablar de aborto en todos los ámbitos y que sea considerado un problema de salud, era la primera causa de muerte materna. Las mujeres morían por abortos clandestinos, abortos inseguros y logramos poner el aborto en la agenda de la sociedad”.
Además, sostiene la importancia de “las pibas en las calles con la convicción de dar pelea por sus derechos. Cuando se activó la marea verde fue por la unión de todas las redes, todas las grupas, todo el movimiento feminista que hizo visible esta problemática. La ley es el reflejo de ese derecho que permitió sacar el aborto de la penalización y la criminalización”.

30 de diciembre de 2020. Foto: Latfem
Una cuestión de salud pública
Gisela Stablun, directora de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, cuenta los primeros pasos de la ley en el sistema sanitario: “Si bien la ley vino a institucionalizar una práctica, ya había equipos comprometidos que acompañaban, pero la medicación no estaba asegurada, las personas no sabían, no tenían información, y muchos equipos también trabajaban un poco en la clandestinidad por miedo”.
Con la ley, el derecho a decidir encuentra una expresión jurídica y normativa que tiene como obligación crear las condiciones para que la interrupción voluntaria del embarazo se lleve adelante respetando las garantías del cuidado de la salud y los derechos de los cuerpos gestantes. Tal como sostiene Deza, “es un cuerpo normativo que contiene las voces, ideas y experiencias de décadas de feminismos entramándose para decidir”. Del mismo modo, Berra remarca que “la implementación de la ley fue una lucha del movimiento feminista y todo el trabajo que se hizo con las diversas agrupaciones de abogadas y otro tipo de redes”. Y señala que “el trabajo con la ley fue fácil porque ya estaban los grupos y los equipos de IVE en los centros de salud, la ley como que vino a poner lo que faltaba para dar la garantía”.
Gisela también sostiene que “la ley llevó mucha tranquilidad y seguridad, sobre todo a los trabajadores y a las trabajadoras de la salud, e información a las personas. Los abortos se venían realizando en un marco de clandestinidad y, con esta práctica institucionalizada, pudimos saber la cantidad de personas que solicitan este derecho”.

Foto: Latfem
La aplicación de la ley en tiempos de Milei
Un tema central de las leyes es su efectiva puesta en marcha, su aplicación. Sobre todo en esta que generó tanta resistencia de los sectores conservadores que también llevaron su voz a los debates y a las calles.
Expresiones antiderechos que tomaron vuelo y se fortalecieron desde el propio Estado con la llegada de la ultraderecha al gobierno. Gisela afirma que “todo el tiempo se escuchan discursos en contra del aborto y amenazando con tirar abajo la ley, lo que genera mucha incertidumbre”. La contraofensiva reaccionaria también provoca confusión: “Muchas personas se acercan preguntando si pueden abortar, si sigue siendo legal. Es un gran problema porque pueden volver a recurrir a la clandestinidad y poner en riesgo su vida”.
En cuanto a las garantías necesarias para ejercer este derecho, Gisela remarca con preocupación que es “un contexto muy difícil, con un gobierno y un sistema de salud nacional que no está dando respuesta a esta demanda y no está garantizando los insumos. Entonces son las provincias las que se tienen que hacer cargo de la medicación, de capacitar a los equipos, de garantizar los insumos e informar a la población. Desde que asumió Milei, no se garantizó ningún misoprostol, lo que amenaza la aplicación de la ley”.
Otro aspecto que pone en relieve son los efectos derivados de la realidad económica en estos tiempos de ajuste y motosierra: “Si bien en la provincia de Buenos Aires se está haciendo un esfuerzo enorme para garantizar los insumos, las condiciones de vida de las personas hacen que no tengan para tomarse el colectivo y llegar a un centro de salud. En algunas provincias ni siquiera pueden garantizar los insumos. Todo este panorama probablemente haga que aumenten las muertes por aborto, por no poder acceder al sistema de salud por el deterioro de las condiciones de vida”.

Foto: Latfem
Sobre este punto, Andrea advierte que “estamos muy preocupadas, es una política que va en contra de los derechos sexuales y reproductivos. Se volvió a acrecentar el trabajo de acompañamiento en redes y las mujeres tienen que comprar las pastillas en las farmacias. Se vive un contexto más cruel y más restrictivo”.
En relación a las problemáticas vinculadas a la aplicación y al avance de los discursos antiderechos, Soledad coincide en que “la aplicación de la ley hoy es una gran muestra de voluntarismo político donde confluyen tomadores de decisiones provinciales más o menos comprometidos y un sinnúmero de activistas que sostienen desde dentro y fuera del Estado el derecho a decidir. Se accede con muchos obstáculos, volvió el maltrato en muchos hospitales y la objeción de conciencia se enmascara para dañar en vez de para proteger. El desabastecimiento crece al ritmo de la pobreza y sin la rectoría del Estado Nacional, la maternidad obligada volverá a ser un dispositivo de muerte, criminalización y desgracia para muchas”.
La contracara es el enorme acumulado de lucha y organización que puso a la Argentina en la vanguardia de los derechos de las mujeres y disidencias, y que no va a dejar que le arrebaten lo conquistado. “Tenemos un gran movimiento feminista y vamos a estar en la calle para dar pelea y resistencia”, asegura Andrea. Y Soledad complementa: “Como dice la película Belén, esos gritos no van a parar”.

Foto: Latfem
Foto de portada: Marcha.org


