Por Teresita Regueiro*
Del kinetoscopio de Edison al smartphone: ¿por qué nuestra postura al mirar videos dice tanto sobre nuestra forma de estar en el mundo? Un breve recorrido para entender por qué es importante sacar la imagen de la caja.

Aunque hoy la tecnología nos empuje a convertirnos en espectadores solitarios, la historia del cine nos enseña que hubo un momento en que se decidió “sacar la imagen de la caja” para verla con otres. Esta idea fue de los Lumière.
Me doy cuenta de que prefiero el lado Lumière de la vida en su modo de entender la imagen y el video -que dio nacimiento ni más ni menos que al cine- y, también, en su rivalidad con Thomas Edison.
Y no solo porque imagino a Thomas Edison como un gran peleador y empresario ventajero -además de un gran inventor, por supuesto- por la famosa Guerra de las Patentes (pero esa es otra historia). Sino porque, de alguna manera, el kinetoscopio de Edison y el cinematógrafo de los Lumière dan cuenta de dos maneras de ser y estar frente a las imágenes y videos, dos formas de entender la potencialidad de los medios; no solo como aparatos sino como entornos que habitamos.
Pero avancemos con la historia, primero.
En 1891, Thomas Alva Edison inventó el kinetoscopio en Nueva Jersey, Estados Unidos. Era una caja de madera con una mirilla en la parte superior, de manera que solamente una persona a la vez podía mirar la película. En el interior de esa caja corría una tira de película sobre una serie de rodillos. Fue el primer dispositivo en usar el formato de 35 mm con perforaciones (que son los agujeritos a los lados de la cinta), que permite un arrastre preciso de la imagen.
El kinetoscopio era eléctrico y sumamente pesado. Entonces, Edison construyó el Black Maria, el primer estudio de cine, diseñado para rotar sobre rieles y capturar la luz solar. Allí se filmaban acróbatas, bailarinas, magos y boxeadores que realizaban acciones llamativas sobre un fondo negro profundo, creando una estética de espectáculo para una cámara fija.
En otra parte del mundo, en una feria en París, Antonine Lumière conoció el kinetoscopio de Edison. Al regresar a Lyon, donde estaban sus dos hijos fotógrafos: Louis y Auguste Lumière, les comentó maravillado que estaba con este aparato pero les dijo algo clave, que cambiaría la historia: “hay que sacar la imagen de esa caja”.
Ese fue el disparador para que los hermanos Lumière inventen el cinematógrafo, que grababa y proyectaba. El 28 de diciembre de 1895 se realizó la primera función de cine en el Grand Café de París. Allí se proyectó la película “La llegada del tren”. Cuentan que la gente salió corriendo del salón pensando que la locomotora, al avanzar en la película, los iba a atropellar. Esa fue la primera experiencia audiovisual colectiva.
El cinematógrafo de los Lumière funcionaba con una manivela manual. Para hacer sus películas, salían a la calle y filmaban escenas de la vida real: la llegada del tren, la salida de los obreros de la fábrica, barcos saliendo del puerto.
Como mencioné antes, hoy, traerlos por acá me sirve para reafirmar que prefiero el lado Lumière de la vida: el visionado compartido, la experiencia colectiva, una distancia con la pantalla, las manos disponibles, los otros sentidos atentos para capturar lo que sucede alrededor. Con la posibilidad de salir a la calle, decidir un plano, y otro, una angulación, un movimiento, que de sentido a lo que queremos transmitir, a lo que se quiere mostrar e incluso transformar. En contraposición a un consumo individual que se representa en la inclinación de los cuerpos cuando nos sumergimos en los dispositivos, atrapados en un loop de videos que duran segundos y nos dicen cómo ser digitales.

Imagen: le pedí a Gemini que genere una imagen de una persona mirando un video por la mirilla del kinetoscopio de Edison y de otra persona mirando videos en su celular.
“Sacar la imagen de esa caja”, y corrernos de una mirada instrumental que ve a los dispositivos solo como “aparatos”, nos posibilita reparar en la forma en la que interactuamos con los contenidos y con otras personas, en una manera de ser ante los diferentes consumos culturales.
Si los hermanos Lumière te pidieran hacer una película para un proyecto, ¿cuál sería un minuto Lumière de tu día? ¿Qué momento seleccionarías? ¿Qué planos? ¿Qué angulación? ¿Por qué?
Comprender cómo se conforman las imágenes y los movimientos es un gran punto de partida para comprender el lenguaje audiovisual y pensarnos como sujetos críticos y activos en nuestro mundo contemporáneo.

* Teresita Regueiro es especialista en Educación y Tecnologías, licenciada en Ciencias de la Educación, además de periodista y profesora. Recientemente publicó La pantalla de Lucía (en la sala de espera) y es autora del capitulo Pronunciar el mundo del libro Conectar en tiempos de pantallas (Ed. Chirimbote)


