Este 22 de marzo, mientras su casa se transforma en un museo de la memoria y el encuentro, decidimos celebrar los 96 años del nacimiento de Norita Cortiñas de la mano de las infancias. Porque ese vínculo que generaban era de ida y vuelta. De sonrisas y abrazos, pero también de admiración y complicidad.

Primavera de 2018. Fran tiene ocho años y su alma anda encandilada por su nueva heroína. No la descubrió en ninguna pantalla: la vio por primera vez en la marcha del 24 de marzo. Ese día tuvo un ataque de intuición político-afectiva prematuro: “Una fotógrafa amiga me ayudó a subir al escenario y le di un beso, y desde ese día quise conocer a Norita”. Unos meses después, le cumplieron el deseo de llevarlo a verla a la ronda de los jueves.
Fran y Norita no se sueltan la mano durante la media hora que dura la ronda a la Pirámide de Mayo. Después ella lo presenta ante el público como su “cuidador, acompañante, amigo, compañero”. Él, con un cartel de las y los 30 mil desaparecidos en mano, explica con claridad el ritual que se repite cada jueves desde hace más de cuatro décadas y en el que acaba de debutar: “Porque hace mucho tiempo los militares se llevaron a sus hijos y las Madres de Plaza de Mayo todavía los están buscando, por eso hicimos la ronda recién”.
Mientras van caminando juntos —siempre de la mano, casi a la misma altura— rumbo al bar donde él se sentará a su lado y se tomará una chocolatada, Norita le dice al oído que plantó una semilla en la Plaza. Fran, ochenta años más joven, sonríe, le guiña el ojo y acepta con gusto el pacto secreto. Al otro día, le comenta a su mamá: “Mami, tengo ganas de ir a la Plaza de Mayo a regar la semilla que plantó Norita”.

Norita y su particular magnetismo con las infancias. Un vínculo especial, de complicidad, de ternura recíproca. Siempre se le acercaban y conectaba enseguida: ella les prestaba atención, les abrazaba, les explicaba didácticamente el por qué del pañuelo blanco en la cabeza y les contaba sobre el muchacho de camisa verde y bigote que sonríe en la foto que llevaba colgada.

También solía participar en todas las marchas que se realizan por los derechos de las niñeces, en las que terminaba cantando y riendo como una niña más. Y apoyaba activamente a las madres protectoras que pelean contra los abusos contra las infancias.

Por todo eso, a la Madre de todas las batallas también la llamamos «la abuela de todas las infancias».

¿Sabías que contamos la historia de Norita en nuestro libro de los 10 años? Conocé más sobre las antiprincesas y antihéroes que soñaron y construyeron otros mundos.



